¡Es día de San Valentín!

Si eres un habitante de internet – como yo – sabrás que hoy es día de San Valentín. No importa si piensas que es una jugada comercial o crees en la reivindicación del amor verdadero.

También, probablemente, te habrás encontrado con Sal con una chica que no lee, un texto corto de Charles Warnke. Es una larga visión romántica del perfil desgastado y fatigado del lector. En este texto, Charles nos sumerge en una fantasía. Después de despotricar en contra de las chicas que salen, de las chicas que él considera normales, alaba a las chicas calladas, analíticas y silenciosas. Menciona cómo pasan el tiempo solas, en casa y alejadas de los problemas.

En su mente tal vez aún se visten así

Por un tiempo me encantó la idea. Me parecía increíble que alguien pensara posible encontrar el amor – esa cosa abstracta y sobrevaluada – en una persona como yo. Antes de Charles, estaba convencida de estar destinada a morir sola, pero él me dio esperanzas; no importaba que no fuera una de esas chicas extrovertidas, alegres y llamativas con las que crecí.

Con el tiempo empecé a pensar diferente y me alejé de esa imagen endulzada, casi aniñada, que Charles había creado de una lectora.

Me identifico como lectora, pero lamentablemente, ya no encajo tan bien con esa imagen romántica. Disfruto en el interior, pero también el exterior. Me gusta la música, las noches de conciertos y las caminatas nocturnas en busca de pizza. Me gusta salir a bailar y aunque me siento incómoda frecuentemente, también tengo amigos con los que puedo reír, con los que puedo gritar. No sé si ese prototipo de lectora aún existe – los humanos son complejos – pero no apostaría mucho por esa idea.

En mi mente, una chica que lee puede verse así

La cercanía a esta fecha me hizo recordar a Charles y después me llevó a pensar: ¿Qué es susceptible de ser romantizado? Si quisiera escribir algo como Sal con una chica que no lee de Charles Warnke hoy, en el año 2019, ¿quién sería el protagonista?

Basada en mi muy corta experiencia, diría:

Empieza encontrando un humano, un humano cualquiera. Sé observador. Esa persona especial podría estar en cualquier lugar, incluso en otra ciudad, otro país u otro continente. Búscalo con calma. Cuando lo encuentres – sin importar el tiempo que te tome – aprende de él, ¿qué le gusta hacer? ¿Le gusta la pizza con piña? ¿Pone primero el cereal o la leche?

Haz tantas preguntas como quieras. Haz preguntas hasta entender cómo funciona su mente y si es compatible con la tuya. Cuando sientas que es el momento – lo sabrás – empieza a hacer preguntas más profundas: ¿Marvel o DC? ¿Nickelback sí o Nickelback no? ¿A qué lugar del mundo se teletransportaría en ese mismo instante?

También haz que esa persona escuche todas, todas las cosas extrañas que tienes por decir

Con el tiempo conocerás más y más a tu humano. La imagen en tu cerebro se irá perfeccionando, encajando cada vez más con la realidad – o la realidad que te gustaría vivir – hasta que tu humano esté tan claro como un holograma, como una pintura hiperrealista.

Cuando puedas proyectarlo en tu mente, ponlo en palabras. Trae esa mágica imagen a la realidad.

¿Quién es? ¿Cómo se ve?

La proyección en mi cerebro creada a partir de años de observación es alta y ruidosa. Tiene ojos pequeños – sonríe mucho – y además de poner la leche primero que el cereal, la calienta en el horno microondas. Sus manos son tan grandes como las mías y no le gusta el tomate (es ridículo, lo sé).

No tiene una barba oscura y dramática, como de leñador, y tampoco tiene el cabello corto, como los futbolistas y cantantes de reggaetón. Es del tamaño perfecto para que la ropa que usa funcione para mí, como una versión oversized hecha a medida.

Si pensara solo en mi proyección, como seguramente hizo Charles en el pasado, les diría que salieran con un chico que hace videos.

Tal vez sabe usar estas cosas raras y te enseña. Suena divertido, ¿no?

Seguramente no lo encontrarán en una oficina blanca e inmaculada, utilizando un traje acartonado con una corbata de color aburrido, con zapatos aún más aburridos. Tampoco lo verán almorzar cada día en el mismo lugar, el mismo plato con las mismas personas insípidas, porque no es lo que busca. Él busca hacer más con el tiempo que tiene todos los días, vive con una intensidad diferente y a una velocidad misteriosa.

Lector desconocido, sal con un chico que hace videos. Aunque al inicio puede ser incómodo y hacerte sentir observado, después de un tiempo disfrutarás aparecer en todas sus películas. Ser protagonista de cada aventura se convertirá en algo especial, en un secreto que compartir todos los días. A veces llegará tarde a casa – las largas jornadas de grabación – pero siempre con una historia que contar.

Sal con un chico que hace videos y haz que aparezca en tus fotografías. Obsérvalo desde lejos, acomoda el encuadre y dispara. Como entiende lo que haces y no se siente demasiado intimidado por los lentes acusadores, será un modelo excepcional.

Con el paso de los años te llevará a recorrer el mundo. Es posible que no viajes de la forma más cómoda, más rápida o más eficiente, pero conocerás cada lugar a fondo y serás protagonista en cada escena. Será tu compañero de viajes y aventuras. Te convertirás – lo quieras o no – en un cosmopolita. Mientras recorren el mundo encontrarán culturas diferentes y con ellas muchos – MUCHOS – platos que probar cada día: ¡Una aventura gastronómica!

Si tienes suerte será un amante de la música, tanto como tú. Irán a conciertos, llenarán álbumes completos de entradas a festivales, museos, galerías y congresos. Tendrán recuerdos de correr bajo la lluvia buscando una mejor vista del escenario e historias de esperar horas para presenciar un pedacito de una canción en vivo. Tal vez en unos años la memoria les falle, pero estará llena de fragmentos alegres y brillantes: Sonidos de guitarras, luces de colores y food trucks de perritos calientes.

¡Que sea de esos que van a ver The 1975 contigo!

Un chico que hace videos no te hará pasar un día de San Valentín como los demás, lleno de chocolates, flores y corazones de papel.

Ahora detente: ¿Te suena conocido?

¿Se parece a tu humano? Apostaría que no.

La razón por la que no es como la persona que imaginaste – en especial por la leche en el microondas – es simple: Como humanos no venimos en una sola forma, tamaño o sabor. No somos fabricados en línea de montaje, cortados con el mismo molde de galletas ni calcados con precisión.

De la misma forma, nuestras proyecciones, deseos y las cosas que queremos romantizar no son iguales. Aunque Charles Warnke hizo un buen intento hace unos años – la redacción es bastante linda, ¡léanlo! – las chicas que leen no siempre son tranquilas. No siempre están felices de pasar una tarde en casa ni tienen sueños vívidos con personajes ficticios las 24 horas del día. Como lectora, repasar el texto de Charles hoy me indigna y sorprende.

¿Viajar y leer? Más que posible

¿Acaso las chicas que leen no pueden salir? ¿Nunca llegan a conocer el mundo exterior? ¿Viven desconectadas de la realidad? Como chica que lee – y bastante – pienso que sucede todo lo contrario. Leer te da ganas de conocer el mundo, explorar lugares lejanos que dan vida a los personajes y crear historias propias en el lugar. Leer es como observar la realidad con alguna clase de lentes mágicos.

Cuando lees, además de aprender y entender mejor cómo funciona la realidad, creas un punto de vista propio. Miras atrás, a las páginas, y con esa misma mirada observas el futuro.

Este 14 de febrero de 2019, día de San Valentín, es tiempo de dejar de generalizar el romance y buscar prototipos de persona inexistentes.

Este SÍ es un buen plan de San Valentín

¡Proyecta a tu propio humano! Encuéntralo y ve por un helado. Llámalo para salir a caminar, perseguir pájaros en un parque o hacer un maratón de Doctor Who. Si no lo has encontrado, espera con paciencia y diviértete, sal con las personas equivocadas o sé como la chica de Charles.

Un perfecto San Valentín también se encuentra en las páginas de un libro, el amplio repertorio de Netflix y la comida a domicilio.

Un comentario en “¡Es día de San Valentín!

  1. Las diferencias entre las personas efectivamente son las que nos hacen únicos, y eso es lo bello de estar con otra persona, a la cual seguramente uno nunca termina de conocer.

    Buen post 🙂

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