¿Moda o estilo?: Renunciando al golden ticket

Aunque de seguro todas las influenciadoras (algo que no soy) sobre la faz de la tierra lo han dicho en algún momento, desde siempre me ha interesado la moda. Además de leer revistas para adolescentes desde los 10 años, enredarme el cabello intentando peinados, empezar a leer Infashion a los 14 para decirle a mi mamá qué usar y qué evitar, y conocer a algunas bloggers de moda antes de que fueran definidas como influencers, tengo un estilo personal claro que se generó después de muchos terribles experimentos en el camino.

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Si hubiera tenido los medios de seguro me habría puesto burbujas

Después de pasar esa fase en la que mi obsesión número uno en la vida era tener suficientes zapatos que poner en las Barbies y Bratz, empecé a probar combinaciones en una muñeca a tamaño real, con un cuerpo menos estilizado y más infantil, y mi primer experimento de moda fue ir a clase vestida de princesa. No era Halloween, navidad ni mi cumpleaños, pero por alguna razón esa Cam de cuatro años pensó que era completamente válido ir así a estudiar, pedir un peinado especial y pasar todo el día vestida como la realeza. De ese día solo recuerdo la forma en la que los demás niños jugaban conmigo, cómo me trataban por tener una coronita de plástico en la cabeza y lo poderosa que me sentía.

En ese momento un archivo importante fue creado en mi cerebro: La ropa es poder.

Gracias a ese descubrimiento en 2006 no tenía miedo a los colores y andaba por el mundo vestida de arcoíris, probé los zapatos cubiertos en lentejuelas, los jeans y pantalones de colores capri -ahora cropped- y el primer viernes de cada mes planeaba emocionada qué combinación llevar al día siguiente al colegio -esta vez legalmente- para sentir de alguna forma esa chispita de poder. Nunca se va a sentir tan bien como esa primera vez, pero sigo encontrando esa sensación divertida los días en los que acierto en algo más que los colores. Con el tiempo empecé a leer más, investigar mejor, utilizar Pinterest y perdí el miedo a la experimentación, no por el deseo peligroso de utilizar tanta ropa y accesorios a la vez como fuera posible, sino por el conocimiento sobre moda que había acumulado en mi cerebro, asintiendo con aprobación a cada nueva combinación.

Pregunta importante: ¿Algún día dejaré de ser poco estilizada e infantil…? Lo descubriremos en otros diez años.
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Plan maestro: ¿Vestido de princesa para el grado?

Mi punto es que si la pregunta es qué tanto sé de moda, la respuesta es como el descubrimiento de Cady en los últimos minutos de Mean Girls: El límite no existe. No soy una sabelotodo, pero no paro de aprender.

Este backup de conocimiento y una vida de reconocer a las celebridades por qué se ponen y no por qué hacen con sus vidas, me dijo que estaba preparada para tener de cerca a personas como yo, interesadas y obsesionadas con la moda -no como un pasatiempo consumista- como fuerza transformadora y fuente de poder.

Estaba ligeramente equivocada.

Aunque los círculos en los que se mueve la industria de la moda siempre se habían visto exclusivos para conocedores y sabía que podían ser territorios hostiles, no pensé que tendría esa sensación constante de necesitar un tiquete dorado para entrar, viviendo con esa incertidumbre de “¿Voy a conseguirlo?”. No quiero ser una influencer -un entorno demasiado saturado- pero sí quiero conocer personas con intereses parecidos para dejar de sentirme como un animalito extraño, soñando con tener un bolso cruzado Chanel 2.55 vintage.

Dejando de lado la primera impresión, las personas al interior del círculo que he conocido me hacen pensar que tal vez estar sola no es tan malo como pensaba. No tienen una actitud cerrada -son la definición de sociable- pero caminan con auras pesadas, hablan con tecnicismos y nombres propios y más que parecer interesados en compartir su extenso conocimiento sobre qué va con qué y cuál es la tendencia más prometedora para la siguiente temporada, invierten un montón de energía en hablar de otras personas: Que si lo conoces, que si lo viste en este evento al que fue todo el mundo, que extraña salir a comer con ellos, que espera poder encontrarse con ella en las próximas vacaciones…

Quienes más quería conocer terminaron siendo faros tristes de atención.
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Influencers:

Otros fueron un tipo de desilusión que me dejaron confundida. Mientras que hay personas que saben un montón y tienen esa actitud de lo importante no es qué haces sino con quién, hay personas que son solo lo segundo: Apariencias, apariencias y apariencias. Sí, la moda es de apariencias, pero pienso que el verdadero círculo interior debería tener algo que decir, no ser solo excelentes seguidores de tendencias, algo que cualquiera con dinero para comprar lo último puede hacer. Mi pregunta aquí es, ¿cómo entraron al círculo mágico siendo tan despistados? ¿Cómo consiguieron la entrada VIP a la industria sin tener ni idea de qué están hablando? ¿Qué hago ahora? Descubrir a los falsos conocedores encubiertos es uno de mis nuevos pasatiempos.

Pero… *redoble de tabores*

¡Aún hay esperanza!

Existen las personas aterrizadas y soy suertuda por conocer a algunas. Desde hace más o menos seis meses me metí de lleno en el tema de la moda sostenible -no en el plan “¡Reciclemos todo! ¡reciclar ayuda!”- como estilo de vida para el futuro y encontré mi lugar en el universo de la moda. No es solo porque crea que sí, es necesario un cambio enorme en la industria y seamos unos consumidores desmedidos (me estoy rehabilitando, ¡bien, Cam!), es también por la relación que tienen con el poder del que hablé unos párrafos arriba.

Estas personas sí entienden que la moda tiene una chispa mágica y no está en el precio de las compras, y aquí empiezan las interminables discusiones de estilo, identidad, qué cosas bonitas vestían las abuelas en los años 50, cómo los materiales de antes eran más divertidos, las formas más arriesgadas o el alivio infinito de haber salido del agujero estilístico que fue 2008. Las discusiones melancólicas son mis favoritas, aunque a veces necesiten un poco de investigación y de clic en clic me dejen leyendo páginas sobre nacismo en Wikipedia (pasa más seguido de lo que creerían).

Me hace un poco feliz saber que existen personas que son algo más que apariencias, tener las últimas colecciones colgando en el armario y cambiar el mundo con camisetas con frases sobre ecología, que van a desaparecer tan pronto como las fotos estén en Instagram. Necesitamos más personas como Iris Apfel, Leandra Medine o la mayoría de los asistentes a la semana de la moda en Tokio, que no solo tomen las tendencias directo de la pasarela, sino que hagan modificaciones y envíen mensajes personales al exterior, sin olvidar que la moda es un medio de comunicación.

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Iris Apfel siendo… Iris Apfel

Con este descubrimiento y sí, más internet, me encontré con la palabra estilo que, aunque es escrita al lado de moda, la mitad de las veces es tan ignorada como el huequito en la tapa de los tic-tacs.

¿Qué es estilo y por qué es relevante?

Según la Real Academia Española hay un montón de definiciones, pero mi favorita es la número seis: “Gusto, elegancia o distinción de una persona o cosa”.

El estilo es algo inherente a las personas, más personal e intransferible que un documento de identidad y mucho más valioso que “estar a la moda”. El estilo es esa cosa que nos distingue y nos hace diferentes, está en constante desarrollo y es una forma de hablar. Desde la teoría, las prendas que elegimos vestir se convierten en la última defensa de nuestra identidad personal, un lenguaje para expresar al exterior nuestras intenciones y son también el primer espacio que habitamos, esa primera cosa que tenemos cerca en contacto con la piel. En palabras más fáciles, es lo que nos diferencia.

Comentario de Cam: Esta es la parte en la que todo cobra sentido, lo prometo.

Ahora, sabiendo cómo son los insiders, que no me pierdo de mucho por no estar en el centro de la industria (ni intentarlo) y que existe algo más grande que estar a la moda y ser aprobado, una parte de mí, esa que entiende esa chispa mágica en las cosas de la que he hablado la mitad del tiempo, no está preocupada.

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Fuertes revelaciones be like:

 

¿Es más valioso tener estilo que estar a la moda? Completamente.

Y no me refiero a tener estilo como una cosa universal… El estilo es uno de los pedacitos más únicos en una persona y se crea a partir de experiencias del pasado, percepciones estéticas, declaraciones de comodidad, imitación de ídolos y simple experimentación: Prueba y error. Es esa guía o conjunto de indicaciones lógicas creadas por nuestros cerebros que nos dice “Sí, azul va con rojo”, “No, no uses boyfriend jeans con abrigos enormes” o “Cam, algún día usarás esas sandalias escharchadas en Bogotá, pero no, hoy no será”.

Cam siempre será Cam, con tendencia a combinar todo con una chaqueta de cuero negra y aterrorizada por los zapatos de tacón, pero no las plataformas. Mi mamá siempre será mi mamá, llena de pulseritas en las muñecas y queriendo usar medias con todo (el frío, el frío) y mis mejores amigas siempre serán ellas, con miedo a usar faldas, coloridas o fanáticas de las cosas oscuras.

Si con las descripciones anteriores alcanzaste a imaginarlas o recordaste por un momento a personas que conoces, ¡acabas de entender qué es estilo! Es ahora de que sigas, construyes y cuides el tuyo como si de un conejito indefenso se tratara, en medio del agresivo sistema capitalista de la moda, siempre queriendo hacer que te veas como otro maniquí.

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Recomendado: Primer episodio del renovado Doctor Who. Cambió mi vida, hablando de maniquíes.
El mundo algún día será de las persona más inesperadas y auténticas y aunque el cambio puede tardar años, tal vez décadas, estoy segura de que llegará.

Mientras tanto, cuídate de los influencers (la mayoría de las veces todo es mentira),

¡Y buena suerte!


Pd. Para conocer más sobre el pedacito más importante de mí (hablando de moda) en los últimos años, haz clic aquí.

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