Esto es un poco más de #MeToo con algo de #GirlPower

Soy una persona tan, TAN suertuda

Esto empezó con la historia de una de mis personas favoritas en Internet: Adriana González. Leerla me hace muy feliz, así entendí que ya es hora. (5/52)

No tengo una historia de agresión exactamente porque me considero suertuda. ¿Entienden lo triste e increíblemente torcido que es sentirse «suertuda» por nunca haber sufrido algo así?

Suerte es encontrar dinero en la calle, que regrese tu sabor de helado favorito que había salido de línea o ganar la lotería, pero no debería ser no haber sido parte de una agresión lo suficientemente terrible para marcarte de por vida.

Claramente…

Y por favor noten que uso la palabra «suficientemente», porque siendo bastante literal sí que lo he sido. No me lo gané, no es mi culpa ni lo estaba buscando. Solo estaba ahí, en el lugar equivocado, en el puesto asignado por lista cuando tenía 11 o 12 años. Él también estaba ahí con sus horribles dedos gorditos y llenos de tierra por jugar en el recreo, que a veces me recorrían y dibujaban caritas felices cuando miraba qué estaba pasando.

Al principio me hacía sentir importante (complejos de late bloomer detected) y después vacía. Tonta. Si así era tener atención no lo quería, no era para mí. No entendí el nivel en el que me afectó esa experiencia, ese recuerdo de la Cam de 11 años, hasta que pensé por qué me consideraba suertuda.

Mi nueva actitud hacia las personas (del sexo opuesto específicamente) fue producto de ella: Cortante, seria, desconfiada, lejana. Aún es así en los lugares más sepultados al interior de mi cerebro, conciencia o como quieran llamarlo. Esta actitud extraña funciona como un escudo hasta hoy. Aprendí a decir «no» fuerte y claro, porque en un mundo en el que si no lo gritas enérgicamente eres culpable o estabas de acuerdo, es tu mejor opción.

Mi cara de los 11 a los 21

Aunque «no, no quiero hacerlo» debería ser una frase poderosa no lo es tanto, lo que derivó en mi segunda estrategia: Distancia. Si no están cerca no pueden lastimarte, ¿verdad? Mantente tan lejos como puedas. Esto terminó alejándome de las personas con una actitud hostil como cubierta.

Sí, ya sé que incluso sin intentarlo no soy la persona más dulce del mundo, pero no soy tan cortante como a veces intento ser. Tampoco soy de piedra, una loca insensible o un humano asexual y extraño: Intento mantenerme fuera de problemas y aun así no funciona del todo. Aun así me siento perseguida.

POR. QUÉ. NO. FUNCIONA.

Es increíble que incluso alguien que intentó con todas sus fuerzas ser distante, cargada de mala actitud y violenta (soy fanática de los codazos) es perseguida, acosada al punto de calcular rutas e itinerarios diseñados para evitar personas, e incluso empujada y aplastada en un intento de conseguir un beso (no fue exitoso gracias a mis codos luchadores y tono de voz enojada, pero igual no fue divertido).

Pensar que así ha sido para mí hace que me pregunte cómo ha sido para alguien con menos suerte, menos actitudes agresivas como protección y más miedo de decir «no».

Decir «no» también es aterrador, considerado que aunque puede salvarte, en el mejor caso te aleja más de las personas y te aísla (caso de Cam) y en el peor, enoja más al agresor o es completamente ridiculizado.

Hay tantas cosas importantes que son tomadas como «ridículas», tantas actitudes por lado y lado que son una completa estupidez…

¡La estupidez humana a veces me maravilla!

Que cualquier chica se puede conseguir, como si las personas fueran trofeos.

El concepto de «friendzone». No le interesas a la otra persona, ¡acéptalo! No es una «mala persona».

«No» es no. Este es un problema de lado y lado porque, aunque algunos no toman un «no» como algo serio, otras tampoco lo utilizan como algo serio. Chicas del mundo, aunque son libres de utilizar el «no» cuando quieran, el uso irresponsable de esta palabra hace que pierda su valor. Lo de «con mujeres no es , y es no» tan popularizado por las comedias románticas de bajo presupuesto es una triste realidad. Por eso hay que hablar fuerte y claro. Madurar y dejar las indirectas.

Que alguien te parezca atractivo no te da derecho a ser un cerdo o perturbar la paz de alguien más. Aunque no puedo decirles que controlen sus pensamientos raros sobre otras personas porque bueno, ni yo los controlo, ¿es necesario exteriorizarlos así? DE VERDAD nadie quiere saber lo que le harían, una notificación de «oye, ¿sabías que estás usando una falda?» con un silbido o un «buenos días, linda» de parte de un viejito en su bici cada mañana en la que porque sí, porque querías y ya, te arreglas más de lo normal, ¡es que ni siquiera tendría que estar argumentando esto!

N O

Por todo lo anterior, aquí va un consejo final para todas las suertudas (y no tanto)

Una vez leí que utilizar la palabra «solo» antes de un argumento o pregunta le quita valor, aquí van unas frases simples de explicación.

«Solo quiero que me digas si vamos a ir por churros».

«Sólo te llamo para saber cómo estás».

Son diferentes si las comparas con:

«Quiero que me digas si vamos a ir por churros».

«Te llamo para saber cómo estás».

Ese «solo» quita poder a las palabras y, aunque me esfuerzo por eliminarlo de mi vocabulario, a veces aparece. La mayoría de veces lo borro a tiempo, antes de enviar el mensaje o correo, pero siempre está ahí escondido.

¿Por qué deberíamos suavizar los mensajes? Envía tan lejos como puedas a ese «solo». No más, adiós. Hazle al universo saber (si quieres, si no pues no) todas las cosas que quieras aclarar. Aquí va una:

Odio los «¿y eso? ¿para dónde vas hoy?» cuando tengo algo diferente a jeans y camisetas monocromáticas. Lo vi en Pinterest. Fin.

¿Y tú? ¿Qué quieres dejar claro?


Dedicado a las personas lindas con las que me he cruzado que hacen que no sienta la necesidad de protegerme, gracias por esa libertad.

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